El 27 de julio a las 21 hs en el Auditorio de la Biblioteca Rivadavia (Av. Colón 31) y como parte de los festejos de los 130 años de esa Institución, se llevará a cabo un espectáculo que incluirá un merecido homenaje al bandoneonista y compositor platense HUGO MAROZZI, gran difusor y productor de espectáculos tangueros en la ciudad de Bahía Blanca, donde vivió desde los años ´80 hasta 2002.
El mismo es producción de José Valle para Dandy Producciones y su ciclo "Bahía Blanca NO Olvida", donde participarán Gaby "La Voz Sensual del Tango", Florencia Albanesi, Juan Carlos Polizzi Trío, Susana Matilla, Pablo Gibelli y Cristina Fuertes, Gisela Gregori y la pareja de baile compuesta por Natalia Gastaminza y Gustavo Rodríguez.
El mismo es producción de José Valle para Dandy Producciones y su ciclo "Bahía Blanca NO Olvida", donde participarán Gaby "La Voz Sensual del Tango", Florencia Albanesi, Juan Carlos Polizzi Trío, Susana Matilla, Pablo Gibelli y Cristina Fuertes, Gisela Gregori y la pareja de baile compuesta por Natalia Gastaminza y Gustavo Rodríguez.

No sólo fue impulsor y difusor de nuevas canciones sino también de nuevos cantantes: Nora Roca y Silvana Lorena, Alberto Acuña, Roberto del Barrio, Roxana Soler, entre otros, fueron “pichones” de Marozzi.
Impulsor con Felipe Baldi de la Peña “Amigos del 2 x 4 – Juan Carlos Cobián”, fundada el 10 de septiembre de 1982, que realizaba para el aniversario de la ciudad en el mes de abril, “Bahía Blanca, tus hijos te cantan“, con producciones exclusivas de bahienses; en agosto, la “Noche de las Liras”, donde se destacaba a las principales figuras del movimiento tanguero, en Bahía Blanca.
Luego en diciembre, nucleaba,
generalmente en la Biblioteca Rivadavia, “La noche del bandoneón”, con
casi todos los fueyes activos de la zona.
Juan Carlos Ocaña cuenta una anécdota
que pinta de cuerpo entero a Hugo Marozzi junto a sus últimos recuerdos del
músico:
Se acercaba el centenario de Ingeniero
White, y en una charla entre amigos, en Club Defensores del Sur de esta
localidad, alguien le comentó a Hugo: “Habría
que hacer un tango para Guaite”. La respuesta fue inmediata, “¡Lo hacemos!”.
Creo que fue Cándido Lorenzo, quien preguntó “¿Y la letra?”
El maestro, rápidamente, le preguntó a Cándido y a Chiche Elisii, “¿qué quieren que diga la letra?”.
Creo que fue Cándido Lorenzo, quien preguntó “¿Y la letra?”
El maestro, rápidamente, le preguntó a Cándido y a Chiche Elisii, “¿qué quieren que diga la letra?”.
La charla continuó. En la misma Cándido
y Chiche abundaron en datos, personajes y anécdotas de las que Hugo fue tomando
nota.
El tango salió. La letra y la música de
Hugo Marozzi. Un oriundo no habría podido reflejar de mejor forma, la
idiosincrasia whitense.
La última actuación de Hugo Marozzi, que
estuve presente, fue en la Biblioteca Rivadavia, coincidente con una muestra de
reproducciones de cuadros de Florencio Molina Campos que desarrollaba mi amigo
Marcelo Beato.
Marozzi, andaba preocupado, por el
delicado estado de salud de su esposa, pero llegaba con toda la potencia
acostumbrada.
Fue una noche gris, la pequeña de la
biblioteca sala estaba escasamente ocupada.
Para aumentar las pálidas se produjeron
fallas de producción imperdonables, como por ejemplo, no haber trasladado el
piano desde su guarda hasta el escenario. Aunque el cuarteto no lo utilizaba,
el grupo que cerraba el espectáculo, los músicos de Aníbal Vitali, casi no
pueden actuar por la falta del teclado.
Cuando nos despedimos lo vi como
fatigado – ¿disgustado? – y en la mansedumbre de su mirada, un gran cansancio.
Meses más tarde, cuando se inauguraron
las instalaciones de FerroWhite, es decir, las dependencias de la ex-Usina
General San Martín, para la creación de espacios de recreo, acopio y
recuperación de la memoria en la actividad plena, Marozzi estaba presente. Su
nieto lo llevaba del brazo. Parecía haber envejecido de golpe.
Poco tiempo después, en los primeros
días del mes de julio de 2007, unas escuetas líneas en el diario local,
informaba que el 30 de junio anterior, había dejado de existir en La Plata, el
bandoneonista, el compositor, el hacedor, el amigo Hugo Alberto Marozzi.
El “Doble A” de Marozzi gime su mal de
ausencia, publicado por La Nueva Provincia, julio de 2007.
A los 85 años y tras soportar el proceso de una cruel
enfermedad que hasta le borró los recuerdos de vivencias junto a su fuelle
tanguero, se apagó la vida de Hugo Marozzi, tras pasar los últimos años en su
La Plata natal.
Bahiense por adopción supo enhebrar en nuestro medio
bellos eslabones de su amor por tan caro instrumento y por un muy definido
perfil del género elegido.
Es que Marozzi no sólo eligió ser ejecutante de
profesión, al frente de un recordado cuarteto, sino que no cesó en la férrea
idea de instalar el gusto por el tango en nuevas generaciones, para lo que
consideró fundamental una alianza con el baile a través de encuentros en peñas
y lugares donde no faltaran espacios para la danza.
“Mi público es el que prefiere un tango que le permite
caminar la pista. Quisiera fundar la Casa del Tango, donde la gente pueda
aprender a bailar sin pagar, como en La Plata”, deslizó en cierta ocasión, para
dejar en claro donde ubicaba sus gustos dentro de la expresión tanguera.
Y se le escucharía decir de manera habitual: “Los
intérpretes del tango han perdido la sensibilidad de la otrora, cuando se
tocaba con sentido rítmico, ideal para bailar. Como aquellas orquestas de
Ricardo Tanturi, Juan D´Arienzo, Osvaldo Pugliese, Osvaldo Fresedo, Pepe Basso,
Florindo Sassone, Alfredo De Angelis, Alberto Di Paulo, Francini-Pontier,
Carlos Di Sarli, entre tantas”.
Lo acompañaron en su agrupación Miguel Ortiz (violín),
Juan Carlos Polizzi (piano) y Eduardo polizzi (bajo eléctrico). Su origen data
de 1980 con actuaciones en escenarios de nuestra ciudad y la zona, incluyendo
las veladas de la Peña Juan Carlos Cobián, fundada el 10 de septiembre de 1982.
Notables fueron sus participaciones en espectáculos
como Bahía Blanca, tus hijos te cantan, Una cita con el zorzal y La noche del
bandoneón.
Como vocalistas invitados desfilaron por su agrupación
Alberto Acuña, Silvana Lorena, Ana Baldi, Nora Roca y Roberto del barrio, entre
otras voces.
Bandoneón arrabalero
El “Doble A” de Marozzi se constituyó en una de sus
posesiones más preciadas y era agradable escucharle narrar en amenas reuniones
cómo llegó a sus manos.
“Lo compré en 1938 en la Casa Roca, de La Plata.
Costaba 360 pesos y yo ganaba 60 pesos como mensajero en el Ferrocarril Sud. El
comerciante me lo dejó en diez cuotas de 36 pesos. Tiene larga vida porque yo
lo acaricio, no lo golpeo y hago que se luzca en Canaro en París”.
Admirdor de Astor Piazzolla, Osmar Maderna, Hugo del
Carril y Facundo Cabral, respetuoso de la figura histórica de Juan Manuel de
Rosas, alternó su quehacer musical con la de consecuente empleado ferroviario,
actividad en la que desarrolló una ascendente carrera.
Para que todo fuera así no pudo menos que manejarse
con determinadas conductas, lejos de noches en vela o tertulias de café.
Por el contrario, a Marozzi le tocaba, después de
actuar en un baile, presentarse en la estación del ferrocarril para tomar
servicio a las 4 de la mañana.
Se fue dejando una huella difícil de borrar, cual
obstinado luchador por causas enraizadas en generosidad de procederes y en una
muy definida manera de sentir la música.
BREVE RESEÑA SOBRE HUGO ALBERTO MAROZZI
por Juan Carlos Ocaña (1990)
Nació en La Plata el 6 de octubre de 1921. Bandoneonista y compositor por más de 50 años, prefería el tango y los tangueros del ‘40. De la época de oro rescataba a Alfredo Gobbi y Horacio Salgán. Y como bandoneonistas a Juan José Mosalini, Roberto Di Filippo y Antonio Ríos, aunque quien esto escribe supone que guarda especial consideración por el maestro Alberto Di Paulo. En una nota concedida al diario “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca, y publicada en la edición del domingo 12 de febrero de 1995, el músico señaló: “me gusta investigar sobre nuestros ancestros musicales, en especial los tangueros. Confecciono y perfecciono mi Calendario del Tango, una obra que rescata todas las fechas importantes de nuestra música ciudadana”.
Vuelve Marozzi su recuerdo a la niñez y señala: “En
un casamiento de pequeño vi a un músico tocar el bandoneón. Me atrapó y comencé
a estudiarlo. Mi primer bandoneón me costó 360 pesos y yo ganaba 60 por mes.
Aún lo conservo, porque estimo que tener dos bandoneones es un error. Es un
instrumento para acariciarlo y compartir junto a él toda la vida...”
Se inició en 1939, a los 18 años, en una orquesta de
barrio formando el grupo “Venus”, pasando luego por varias orquesta típicas,
como la de “Los Zorros Grises” o la de “Los Mendocinos”, o cuando se
independizó y formó su propio cuarteto típico en 1947. Lo hizo junto a Juan
Carlos Pereyra en piano, Vicente Fontana en violín y Carmelo Saguese en
contrabajo. Esta formación —según sus propias palabras— le brindó muchas
satisfacciones, como por ejemplo tener a Héctor Baldi como cantante o a Rodolfo
Cabral (padre de Facundo) como presentador. Y así va desgranando que batieron
verdaderos “récord” de actuaciones compartiendo escenario con figuras de la
talla de Oscar Alemán, Feliciano Brunelli y Barry Moral, entre otros.
Después de trabajar en Radio Mitre, Marozzi dejó la
música para dedicarse por completo a su trabajo en el Ferrocarril como jefe de
estación. Y es en 1973 cuando se radica en Bahía Blanca, donde se conecta con
los músicos Ernesto Puefil, José Amado y Carlos Briganti. Así nació la Peña del
2×4, de la que surgieron Nora Roca y Silvana Lorena, ganadoras en Cosquín en
los años ‘87 y ‘88, respectivamente.
Hugo Marozzi, “genio y figura”
Reportaje a Felipe Baldi, prolijo cantor platense de tangos que ocupó altas
funciones en la Aduana de Bahía Blanca, publicado por LA NUEVA PROVINCIA, en la
sección “En tiempo de tango” el 5 de abril de 2009:
Lo recuerdo a Hugo Marozzi en su juventud quinceañera, portando la caja de
su bandoneón entrañable por las calles de La Plata, con ése su andar cansino y
su aire bonachón que le valió el cariñoso apodo de “Oso” entre la muchachada
platense. Había iniciado sus estudios musicales siendo muy chico, tan chico que
apenas podía llevar su instrumento, con el destacado bandoneonista César
Malnatti, quien más tarde se radicó en el Uruguay. Entonces su otro gran
maestro fue Francisco Romano. Con éste y con Malnatti plasmó su particular manera
de sentir la música ciudadana y selló ese estilo tan suyo, de rancia estirpe
cadenera.
Recuerdo el debut de Marozzi, en 1937, integrando la orquesta típica
“Venus” en el club de barrio “El Cajón”, denominación que respondía al formato
que tenía el salón de baile. Al poco tiempo, ese mismo año, se incorpora
Marozzi a la orquesta “Los Reyes Blancos”, formando en la fila de bandoneones
junto a Mario Torti y Domingo Conti. En 1941 pasa a “Los Mendocinos”,
oportunidad en que, por primera vez en la ciudad de La Plata, se forma una
línea de cinco bandoneones. El conjunto debutó en el Club “El Porteñito”, que
resultó el trampolín para el salto que lo llevaría a LS10 Radio Libertad y de
allí a los bailables de Quilmes, Avellaneda, Bernal, Berazategui y otras
poblaciones de Buenos Aires. Un año después, por desinteligencias entre los
músicos, se van del conjunto el propio Marozzi, el contrabajista Carmelo Saggese
y el vocalista Héctor Baldi (N.R.:nombre artístico del entrevistado
en esta ocasión, don Felipe Baldi)
Entonces, Marozzi emprende una verdadera “patriada” dentro del tango. Era
la época en que las grandes orquestas típicas copaban los principales
escenarios y clubes de barrio. A instancias de Horacio “Tití” Pissani, Marozzi,
desoyendo muchas opiniones negativas, se presenta con un cuarteto típico en el
preciso memento en que, por la causa apuntada, perdían el favor del público
cuartetos tan famosos como el de Roberto Firpo, el de Aiello (padre de Rodolfo
Lesica), el de Mora y otros similares (…) Contra todo lo que podría suponerse,
el cuarteto de Marozzi tuvo un éxito resonante. Yo creo -afirma don Felipe- que
ahí se impuso, definitivamente, el espíritu cadenero de Marozzi. Cada
integrante era prácticamente un solista y se lucían como tales. El público los
aceptó de entrada. Tanto fue así que, hasta el día de hoy, el cuarteto Marozzi
ostenta un record absoluto de bailes: 32 presentaciones en 31 días. Un hecho
único en la ciudad de La Plata y sus alrededores. El maestro D’Agostino con su
orquesta y Angelito Vargas tenían entonces un record que se consideraba
imbatible: 28 bailes en 31 días. Pero Marozzi lo superó.
Llegando al final de la nota, éstas son las palabras
con que Felipe Baldi rubrica la magnífica trayectoria de Hugo Marozzi como
músico y como ser humano:

Bahía Blanca antigua
Tango
Música: Hugo Marozzi
Letra: Sadoc Lameiro
Letra: Sadoc Lameiro
Remonto otros tiempos, calles empedradas
mi infancia lejana, tan pura y feliz...
Pasar de tranvías, con sus campanadas
llegando hasta el borde, del suburbio gris.
Plaza Rivadavia, bancos y gentío,
O’Higgins –sus luces- Soler, bodegón...
y un viejo cochero, que carga su hastío,
tranquea Chiclana, rumbo a la estación.
Bahía Blanca, antigua.
Cruz del Sur, Pampero.
Todo lo que quiero,
está muy dentro, tras el corazón...
Y en ese latido
de mi alma bahiense,
canta lo que siente,
como un fiel lamento, mi antigua emoción...
El “fueye” de Taura, todavía se estira...
Con su 2 x 4, guapo y compadrón.
Y Bonatt (¡Palito!) del cielo nos mira
llevando una estrella, como bandoneón.
Se fue con Di Sarli, o Cobián acaso...
Junto al bohemio mago, llamado Odronoff
Ya no hay “Costa Rica”, todo se fue al mazo,
semáforos rojos, nos dicen que no.
mi infancia lejana, tan pura y feliz...
Pasar de tranvías, con sus campanadas
llegando hasta el borde, del suburbio gris.
Plaza Rivadavia, bancos y gentío,
O’Higgins –sus luces- Soler, bodegón...
y un viejo cochero, que carga su hastío,
tranquea Chiclana, rumbo a la estación.
Bahía Blanca, antigua.
Cruz del Sur, Pampero.
Todo lo que quiero,
está muy dentro, tras el corazón...
Y en ese latido
de mi alma bahiense,
canta lo que siente,
como un fiel lamento, mi antigua emoción...
El “fueye” de Taura, todavía se estira...
Con su 2 x 4, guapo y compadrón.
Y Bonatt (¡Palito!) del cielo nos mira
llevando una estrella, como bandoneón.
Se fue con Di Sarli, o Cobián acaso...
Junto al bohemio mago, llamado Odronoff
Ya no hay “Costa Rica”, todo se fue al mazo,
semáforos rojos, nos dicen que no.
Para escuchar este tango sigue el siguiente link: BAHÍA BLANCA ANTIGUA - Hugo Marozzi cuarteto, canta Ana Baldi